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Avellaneda: Unión y PRO y la teoría del “oficialismo disfrazado”

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Aparecieron viejas heridas. Los ediles Alice y Alessi se cruzaron. Se tiraron con todos los adjetivos descalificativos posibles. Desde Concertación acusan a los macristas de “oficialistas” y, desde el PRO, tildan a los “denarvaístas” de “levantamanos”. En el medio, la reedición de la pelea por una bendición que empieza a crear sospechas.


Por Ricardo Carossino

Tenían que ser un solo espacio, tenían que estar unidos, tenían que transmitir solidez política, tenían que demostrarles a sus simpatizantes que estaban en el mismo espacio por un “proyecto común”, como les gusta decir, y que se paraban más allá de lo que ellos mismos habían denominado (y que aún se empeñan en denominar) “la vieja política”, aunque la obra se haga siempre con los mismos actores, pero con personajes distintos.

De todos modos, como una ley malvada para quienes apelan a las frases hechas, los enunciados ampulosos que tienen la rara pretensión de querer resumir la compleja trama de la socialización siempre terminan desnudando lo que subyace en ellos, que es una fuerte orfandad intelectual, que sale a la luz como un acto fallido.
El PRO y Unión Celeste y Blanco de Avellaneda acaban de reeditar, ahora, un nuevo capítulo de las heridas políticas —hasta personales, en algunos casos— que dejó un año de cortocircuitos que terminó recargando el sistema del espacio. Un espacio que intentó nacer como “una alternativa a lo viejo”, allá por abril del 2009 y que desembocó en una atomización ya preanunciada apenas un mes después, cuando tuvieron que armar una sola lista y salieron tres.

Fuera de los protagonistas, que conocen los verdaderos y secretos motivos de la desunión, aún muchos se preguntan qué pasó en Avellaneda con el “macrismo” y el “denarvaísmo”, que no parecen alcanzar la necesaria madurez política como para sobrellevar las diferencias y los lógicos egos de todo dirigente político.

Había muchas versiones no oficiales sobre las razones por las cuales el PRO y una parte de Celeste y Blanco no habían podido conformar un solo y potente bloque en el Concejo Deliberante, ya que hubieran sido seis ediles, una cantidad, hasta el año pasado, impensada por muchos.

Los seis concejales obtenidos demostraron, al menos, que sus líderes nacionales tienen una importante llegada a ciertas capas de la sociedad y que esas “zonas humanas” se sienten representadas por la centro derecha con algunos nuevos matices.

Desde el bloque del PRO, las críticas hacia el líder de Concertación, José Alessi, habían sido de “individualismo” y de que “quería ser todo, desde titular del bloque a jefe del espacio y candidato a intendente”. La otra crítica que ratificaron fue que “no tenían intenciones de construir un espacio político”.

Pero las voces desde el sector de Alessi dicen lo contrario y acusan al PRO, directamente, de “levantamanos” del intendente Jorge Ferraresi. Sin embargo, desde el macrismo no dudaron en repetir el adjetivo descalificativo y se lo devolvieron a Concertación.

Consultado Alessi sobre la imposibilidad de estar todos juntos, el concejal de Concertación dijo: “Con (el titular del bloque macrista, Daniel) García tengo una relación fluida, pero ellos acompañan todo lo que el oficialismo propone. En Desarrollo Social hizo una gran gestión, pero hoy con su bloque votan con el oficialismo. Son levantamanos”.

Según Alessi, ese sería el “único” motivo por el que Concertación y PRO no aprovechan una cifra política que les serviría, muy probablemente, para desarrollar una gestión deliberativa interesante y mostrar cuáles son sus propuestas y proyectos para la ciudad de Avellaneda.

Por parte del PRO, quien dio su opinión fue su par, Rubén Alice, quien no dudó en categorizar la manera de hacer política de Alessi como “infantil” e “inmadura”, agregando además que es “pseudoopositor” y “levantamano de oficialismo en todo, menos en la Rendición de Cuentas y en el Presupuesto”.

El concejal macrista no hace otra cosa más que desnudar la teoría del “oficialismo disfrazado”, una conducta que a algunos bloques opositores les permite, en las legislaturas, apoyar a ejecutivos mediante preacuerdos políticos, y que “disfrazan”, precisamente, los pactos, con el ropaje de una oposición “ideológica” en temas centrales como la rendición y el presupuesto, conducta de la que muy pocos están a salvo.

“Lo que pasa es que Alessi está dolido porque no entiende que se puede conformar un bloque de Unión PRO con criterios políticos como aspirar al poder y no ser una oposición infantil sin ningún tipo de argumentos”, disparó el edil del PRO.

Alice invitó al edil de Concertación “a armar un proyecto de ordenanza porque todavía no armó ninguna”, y añadió que “lo único que armó son tonterías que no tienen ningún tipo de trascendencia” y añadió: “Ellos sí son levantamanos porque tienen una actitud pseudocrítica, ya que levantan las manos en todo, pero se hacen los puritanos y votan en contra en el Presupuesto y la Rendición de Cuentas”.

Pero la otra pata del espacio es la pelea interna del denarvaísmo, que también provoca serios altercados que han llegado, incluso, a las descalificaciones personales y de género. Pero claro, un solo hombre podría terminar con el debate y dar por finalizada una polémica que amenaza con desgastar inútilmente a quien gane y a quien pierda, y ese hombre es el líder del espacio, Francisco de Narváez.

Como se sabe, el “colorado” había levantado la mano de Alessi, allá por junio de 2009 en Wilde, para bendecir al concejal como su candidato a intendente. Por otra parte, la contracara del espacio, la diputada provincial Mónica López, asegura que ahora es ella la candidata a intendente por la gracia del “colorado”, que la habría coronado el pasado 13 de diciembre en Mar del Plata.

Alessi ironizó con esto y dijo que le había dicho que era “candidata a intendente por la Feliz”. El concejal, directamente, dice que no cree que eso haya pasado y pone total y absolutamente en duda lo que asegura la legisladora. Aunque en rigor, dice que no habla con de Narváez desde noviembre y manifestó que no tiene por qué andar averiguando si lo dijo o no.

El edil dice que se quedó con lo que pasó en Wilde y que si hay una “contraorden” sería “peligroso” (políticamente hablando), tanto para él, para López, como para cualquiera que crea en la palabra del “colorado”, un dirigente que nunca blanqueara estas diferencias de manera pública.

Quizás, la real y antropológica verdad de toda esta trama no sea más que la cruda sensación de que los “personalismos” (armados sólo en figuras emergentes y rutilantes, en lugar de basar las construcciones en una “ideología), terminen fagocitándose cualquier “partido” como un agujero negro que no puede emitir luz.

Y aunque una parte importante de la centro derecha le tenga alergia de la palabra “ideología”, y se empeñe en pretender que las cosas no son ni de izquierda ni de derecha para no verse etiquetados con una franja ideológica con muy mala prensa, siempre, inevitablemente, en sus críticas, sus propuestas y sus defensas, aparecerá la ideologización de sus conductas políticas y personales como una revelación inapelable.
 
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