Insultos, pases de factura, sesiones parlamentarias calientes y un bloque del FPV que navega en aguas peligrosas. Cacho Álvarez y Ferraresi se juegan una parada difícil y el PJ desnuda su manera de pelear poder. Por Ricardo Carossino
En medio de insultos y adjetivos de “traidor”, la última sesión del Concejo Deliberante de Avellaneda desnudó la caliente interna que vive el Partido Justicialista (PJ) de ese distrito.
Cuando la interna desmadró la sesión, el titular del cuerpo, Armando Bertolotto, calificó todo de “vergonzoso”, y no faltaron volantes que decían: “Maldito será quien a nuestro lado simula ser sincero, pero que a la hora de decidir nos ha de clavar un puñal por la espalda. Ferraresi a ‘Cacho’”.
Esto hace parecer que el bloque del Frente para la Victoria (FPV) avellanedense está en aguas peligrosas, pero aún brilla cierta precaución que indicaría la necesidad de que la sangre no llegue al río.
En el PJ del distrito la correlación de fuerzas por el momento parecen favores al presidente del Justicialismo, Baldomero Cacho Álvarez de Olivera, pero desde el sector del intendente Jorge Ferraresi advierten que la campaña para afiliar gente está marchando bien.
En esta primera frase se condensan dos maneras de leer la política del conurbano bonaerense. Por un lado, la construcción de poder interno y por el otro, la herramienta electoral. Dos modelos de poder que fueron los dos pilares del kirchnerismo.
En el 2003, Néstor Kirchner llega al Poder con un consenso acotado, bastante sujeto a las estructuras internas del PJ que comandaba Eduardo Duhalde, pero el pingüino supo sacarse de encima al cabezón y apeló a armar su propia tropa que le permitió llegar a su último día de vida con las chances intactas de seguir protagonizando la política argentina.
Luego de eso, su esposa, Cristina Fernández, tomó la tropa de Kirchner y con eso llegó a la elección del 2011 y apareció allí la nueva herramienta de poder: el 54 por ciento de los votos del país.
Esta última lectura es la que Ferraresi sostiene, porque ante la pelea interna en la que podría suceder un quiebre institucional dentro del bloque del FPV, el intendente estaría alertado que tiene el acompañamiento de la gente.
Desde la Juan Domingo se miran extrañados ante esta afirmación y sugieren que el jefe comunal podría quedar débil frente al embate del sciolismo que arma a la antigua, sumando tropa oficialista y opositora, por dentro y fuera del Concejo.
Ferraresi sabe que la correlación de fuerzas dentro del CD hoy estaría favoreciendo a Álvarez y por ese motivo, solamente, no baja la orden de que los concejales que le responden rompan el bloque.
A menos que los tiempos y las agresiones provoquen una inminente ruptura indeseada, no sería útil para él sellar el alejamiento de su ex jefe político con una parada así, porque hoy comprometería la gobernabilidad.
Se sabe que no faltó quien le sugirió que armara “a la clásica” sentándose con todos los dirigentes PJ o no PJ para crear nuevos consensos que le permitan arrinconar al ex ministro sciolista con una fuerza política.
De la misma manera, transcendió del entorno del intendente que éste no quiere apelar a ese tipo de construcción y por eso sacará este mes a la calle mesas para una agresiva campaña de afiliación para inflar su padrón electoral y tratar de desbancar con eso al actual titular justicialista de Avellaneda, porque al cerrar con Nación es eso lo que Cristina les pides a los jefes comunales como prueba de amor.
El mismo Ferraresi, en declaraciones periodísticas, señaló que con Álvarez de Olivera "tenemos distintas visiones sobre el futuro del país".
Esas diferencias fueron las que lo motivaron a disputarle la conducción del PJ. Recordemos que, actualmente, Ferraresi es el vicepresidente primero del justicialismo local.
Además de una campaña de afiches en toda la ciudad, los militantes comenzaron con el armado de las mesas "generando vínculos con los vecinos y jóvenes invitando a comprometerse en la política como herramienta de transformación y transmitiendo la tarea militante", según lo señalaron mediante una gacetilla de prensa.
En diálogo con Diario del Sur del GBA, la jefa de la bancada del PJ, Sandra Alice, afirmó: “Más allá de que haya distintas opiniones me parece que los fines son los mismos y que tenemos que salir adelante juntos. [Respecto a la interna] yo creo que falta mucho para las internas y no está todo dicho. Yo apelo que el peronismo vaya unido como lo logró todos los años y que todos tengamos esa conciencia ya que cualquiera puede ganar una interna pero hay que ver las generales”.
De esta manera, se abre el análisis desde la vereda de la Juan Domingo desde donde también saben que ahora no les conviene romperle el bloque a Ferrarsi, pero advierten que “si cree que va a ganar una interna cerrada con fichas de afiliación, está teniendo una lectura errónea”.
Desde allí apuestan a las estructuras clásicas de barrios y agrupaciones políticas que Cacho Álvarez fue construyendo a lo largo de su historia política, en tanto que en las filas del intendente dicen que “Cacho ya no tiene esas estructuras” y se atreven a señalar que “la gente de Cacho ya no entra a los barrios”.
Y la Juan Domingo sonríe cuando este medio les transmite estos considerandos y sostiene que siguen entrando en los barrios y que las estructuras punteriles gozan de buena salud, por lo que confían en ganarle el PJ a Ferraresi.
Un dirigente del sciolismo de Avellaneda además se atrevió a suponer que si éste pierde la interna del Justicialismo quedaría virtualmente desprotegido aún por la presidenta de la Nación, y que todo el peronismo local lo pondría contra las sogas por el resto de su gobierno hasta el 2015.
A parecer, y más allá de las consideraciones, la Juan Domingo sabe que al no romper podría tener aún alguna incidencia en el armado de la lista de concejales del 2013, si es que el Intendente gana el PJ, pero esta suposición puede ser una fantasía política, porque es probable que de los dos bandos alienten el viejo axioma de “al enemigo, ni clemencia”.
Si hoy la Juan Domingo pretendiera tratar de dejar en desventaja al jefe comunal probablemente correría el riego de victimizarlo y de que quedara como una víctima del clásico estereotipo pejotista que va por el poder sin medir las consecuencias.
Según desde los dos bandos, si el bloque del PJ se rompiera, la correlación de fuerzas hoy estaría dada por los ediles de Cacho Álvarez más el bloque felipista de José Alessi, y hasta algún opositor que acompañaría las manos del PJ tradicional.
Por otro lado, los ediles que responden a Ferraresi no serían tantos y no se sabe tampoco cómo jugarían los opositores que todavía no definen su juego en esta interna.
Ahora la Juan Domingo está que trina por los despidos de los aliados a Cacho Álvarez y se sorprenden de que el Intendente use esa herramienta. Sin lugar a dudas, la lectura más clara y categórica de la mirada del cachismo la dio el concejal Benicio Gutiérrez.
“Para mí es un hecho lamentable y el Municipio pierde en excelencia porque algunos compañeros son profesionales. La verdad que al perder una mano de obra tan importante, el Municipio pierde en excelencia por el sólo por participar dentro del ámbito del peronismo en una agrupación que no es la del intendente la verdad que es lamentable que esto suceda pero es real”, afirmó el edil a este medio.
Pero “Pantera”, como se lo conoce, fue más allá y apeló a la vieja retórica peronista de la lealtad al recalcar con dureza: “La verdad que es un clima lamentable y la palabra traición se hace más real porque además Ferraresi no llega a tomar este cargo por merito propio porque hace más de 20 años que era funcionario del ex intendente Álvarez y en el momento de elegir quien iba a ser el sucesor de ‘Cacho’ el dedo se apuntó a él y hoy este hombre decide hacer su propio proyecto que no tiene que ver con el peronismo, que es esto de echar y discriminar a gente y evidentemente hay una traición no sólo a ‘Cacho’ sino a muchos compañeros que vienen trabajando para que el peronismo sea gobierno en Avellaneda”.
Los enfrentamientos están a la orden del día, los cruces y pases de facturas amenazan con un clima que sugiere una ruptura inminente, pero lo cierto es que todos intentan sostener esa tensión política en el límite hasta llegar a la interna del PJ.
La pregunta del millón es si podrán lograrlo, y qué pasará con el gobierno si se traslada la pelea al HCD. La respuesta no está en ellos, sino en la dinámica que los domina.
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