La formalización del quiebre de la central abrió un nuevo panorama en el sindicalismo que viene. Cinco espacios se acomodan en la nueva coyuntura: tres vertientes de la CGT y dos de la CTA. El eje de la discusión parece ser la caracterización del actual Gobierno. Por D.L.
El término romano “divide et impera” fue usado durante la expansión del imperio, y es la primera vez en la historia que se usó una frase que hoy sirve para sintetizar lo que se sospecha es la sensación luego de la fractura de la CGT; divide y reinarás. La formalización de la ruptura en el seno de la principal central obrera argentina deja un mapa fraccionado y de alta volatilidad política, inédito en nuestro país. Con una CGT dividida en tres partes, más una CTA quebrada en dos, el movimiento obrero experimenta una atomización que la mayoría de los especialistas ven como perjudicial para sus intereses.
Más allá de los intereses del Gobierno, la falta de unidad en el movimiento obrero abre un nuevo panorama a futuro. Si bien los une la mirada respecto a temas coyunturales, como el mínimo no imponible, la separación es claramente política, y tiene que ver con la caracterización que hacen del gobierno nacional. En este sentido, de los cinco espacios dos se muestran más cercanos al universo K, uno pretende jugar de lleno en la interna abierta con Daniel Solí (apoyando al gobernador bonaerense) y dos son claramente opositores, aunque uno corre por derecha y otro por izquierda.
CGT oficial o Azopardo
Responde a la conducción de Hugo Moyano, y hoy ratificará su liderazgo en el congreso de Ferro. El camionero es su líder absoluto, y detrás se encolumnan gremios de pesos y dirigentes que crecieron la mayoría junto a la expansión del kirchnerismo. Junto a Moyano, las cabezas visibles de este espacios son el judicial Julio Piumato, el canillita Omar Plaini, los hijos de Moyano, Pablo y Facundo, entre otros.
En este nuevo agrupamiento gana protagonismo el líder de UATRE Gerónimo “momo” Venegas, que aporta uno de los gremios más populares. Detrás de Moyano también se encolumnaron los municipales, divididos en sus dos confederaciones: la CTM de Rubén García y la COEMA de Amadeo Genta. Todavía queda definir si es legal que dos gremios de la misma rama pueden ser parte de la central. De no aceptarse esto, la salida de uno de los sectores sería un fuerte golpe para el moyanismo.
CGT disidente o “K”
Es el sector que formalizó la ruptura esta semana, a través de un nuevo proceso electoral. En octubre elegirá conductor, y todo indica que el metalúrgico Antonio Caló será el secretario general. Junto a la UOM, se sentarán gremios de peso como la UOCRA, UPCN, Taxistas, Luz y Fuerza, Mercantiles, Sanidad, entre otros. Para fortalecer la unidad, lanzaron la flamante Confederación de Sindicatos Industriales de la República Argentina (CSIRA), un nucleamiento de una veintena de gremios de la producción, afines al modelo socio-económico kirchnerista. Desde este espacio y con la supuesta mayoría de gremios que forman hoy el consejo directivo de la CGT, quieren ser la “CGT oficial”, es decir, la que sea convocada desde el estado a dialogar con el empresariado. La legalidad del espacio será ganada recién en octubre, cuando se celebre el confederal. La legitimidad, en cambio, deberá venir antes.
CGT Azul y Blanca
La lidera el gastronómico Luis Barrionuevo, y nació como un desprendimiento espontáneo de la CGT que en su conjunto se alineó con el gobierno nacional. Con algunos gremios medianos como Estaciones de Servicio, se caracterizó por su oposición al Gobierno. Se puede entender que su postura quedó un tanto descolocada con la nueva postura de Moyano respecto al gobierno. Alineada con Eduardo Duhalde, tiene entre sus gremios dos posturas políticas: mantener la independencia de los dos espacios sindicales, y otra que pide sumarse a la CGT de Moyano para reforzar su perfil opositor. Curiosamente, Barrionuevo no se definió, y coqueteó con ambos espacios. Al final, no entusiasmó a nadie y se mantendría en este tercer espacio.
CTA de los Argentinos o “oficialista”
Es parte de la fractura generada luego de las elecciones de septiembre de 2011 en la central alternativa. La comanda el docente Hugo Yasky, y tiene una estrecha relación con parte del gobierno. Además de la CTERA y SUTEBA, tiene gremios de peso como los “metrodelegados” y varios sectores de la producción. Por su apoyo al kirchnerismo, se la conoce como “CTA oficialista”. Por lo pronto, el pago escalonado de los aguinaldos en la provincia de Buenos Aires los enfrentó con Daniel Scioli, con quien no estaban para nada alineados. De hecho muchos de sus integrantes son participes de Nuevo Encuentro, el partido que comanda Martín Sabbatella.
CTA “rebelde”
Tiene como columna vertebral al gremio estatal ATE, y su secretario general es Pablo Micheli. Asegura que se quedó con la conducción nacional en las elecciones de septiembre del año pasado, pero un fallo no reconoce su triunfo, lo que fracturó la central. Del lado de Micheli quedaron los principales gremios del sector: Asociación Judicial Bonaerense, CICOP, estatales. Son marcadamente opositores al gobierno, y muchos de sus dirigentes forman parte del Frente Amplio Progresista (FAP), como el histórico dirigente de ATE Víctor de Gennaro. Quiere “correr por izquierda” al gobierno, pero terminaron muy cercanos a Moyano y su operativo clamor a Scioli. La protesta contra el pago desdoblado a estatales lo acercó a sus ex aliados, pero las heridas durante la primera elección de la historia de la CTA hace que no haya por el momento unificación posible.
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