La inminente designación de Hugo Cisco en el vacante Juzgado de Paz se encamina a mejorar posiciones en el Concejo Deliberante, al que deberá renunciar el virtual funcionario judicial luego de haber asumido hace sólo dos meses. Eso no resuelve los problemas del gobierno de Brown, de los que intenta zafar el Intendente saltando hacia arriba, pero con una dudosa red de lealtades por debajo.Por Daniel Bilotta
Ya no quedan casi dudas de que los días de Hugo Cisco como concejal de la accidentada bancada de Unión Pro llegarán a su final a mediados de febrero, cuando se formalice el ofrecimiento que ya le habría realizado el intendente Rubén Darío Giustozzi para convertirse en el nuevo juez de paz del distrito.
Bajo la pretensión de un anticipo periodístico, el anuncio resultó formalizado el primer día de febrero por el diario La ciudad de Adrogué, aunque venía manejándose como una versión que terminó de cobrar carnadura con la publicación en este virtual house organ del Gobierno municipal.
Cisco reemplazará a la doctora Carmen Felipello que, según empleados del juzgado, ya presentó su dimisión. El mismo personal de la dependencia dio por hecho la designación de Cisco, a quien aguardan para contar con firma autorizada.
El virtual ex edil vuelve así sobre sus pasos y retoma el inicio de su carrera política como funcionario ligado al ámbito municipal en el mismo juzgado que ocupó en la década del 70, hasta que el golpe militar depuso al gobierno constitucional de Isabel Perón.
La solución ideada para aliviar tensiones en el Concejo Deliberante, donde Cisco quedó jaqueado por igual entre oficialistas y opositores, no resuelve el fondo de los problemas de una gestión, de los que el Intendente pretende zafar por arriba, aunque con una dudosa red de solidaridades por debajo. Lo que pone en dudas, para este caso, la ingeniosa salida propuesta por Borges a situaciones laberínticas.
Paz y Justicia
Apenas transcurridos dos meses luego de ser electo por cuatro años, el casi ex concejal confesó ante íntimos su incomodidad para ejercer esa función. “No me hallo”, le dijo a uno de ellos la semana que pasó.El interlocutor creyó haber comprendido cabalmente la metáfora. Aliado natural del oficialismo, con que el que pactó una convivencia incluso antes de los comicios del 28 de junio merced a los buenos oficios de otro edil de esa ecléctica corriente, Ramón Valdés, el lugar de Cisco en el Concejo comenzó a opacarse por el ambiguo papel que jugó en la renovación de autoridades del 10 de diciembre.
Con un número ajustado de voluntades propias que le garantiza apenas la mayoría simple —13 concejales propios— y con una oposición dispersa, pero numerosa, conformada por 11 representantes, la renovación de Mariano San pedro al frente del Concejo Deliberante vivió algún momento de zozobra cuando trascendió que los kirchneristas Jorge Ayala, Norma Warrell y Ángel Gómez podrían acompañar a otra candidatura alternativa.
Si bien no fue de los más activos en reunir voluntades para desplazar a San Pedro, Cisco acordó convertirse en vicepresidente primero entre quienes se oponían a la continuidad en el cargo del actual presidente, para expresar su malestar por no ser tenido en cuenta dentro del sistema de poder real del Concejo, que articulan San Pedro, su antecesor Alejandro Torres, el jefe de la bancada oficialista, Eduardo Fabiani y su aliado y secretario legislativo, Carlos de los Santos.
Ese círculo terminó por sepultar cualquier aspiración protagónica de Cisco, que venía pujando por encontrar un sitial institucional para disputar posicionamientos en una eventual lista de diputados provinciales por el sector que lidera Francisco de Narváez en la provincia de Buenos Aires.
No halló un eco muy distinto en el arco opositor, donde le computan una supuesta defección de último momento para reunir los 11 ediles opositores y así terminar por convencer al trío díscolo del Frente para la Victoria de que la estrategia diseñada para quitar la presidencia al oficialismo era algo más que una algarada.
El auto flagelamiento practicado por Cisco facilita en parte la tarea de aislamiento de la oposición peronista que viene llevando adelante Giustozzi. Con su renuncia efectivizada, asumirá en su reemplazo Carlos Cabral, que adelantó la conformación de un monobloque por su partido local, “Vecinos solidarios”.
De esta forma, los cuatro ediles de Unión Pro representarán al menos tres corrientes: la de Cabral, que ingresó en las listas como aliado por su fuerza; la que animan Valdéz y Santiago Perón; y la de Stella Maris Alló, acaso la de más férrea convicción en llevar adelante una estrategia opositora en el recinto. Una política de la que no logró obtener mayor rédito hasta ahora. Hasta con sorna, el oficialismo suele mofarse de su innegable conocimiento administrativo del Municipio, del que fue secretaria de Obras Públicas en los años 90.
“Vino a presenciar la licitación de la basura y cuando llegó y vio los sobres de ofertas abiertos se quejó porque no se respeto la hora pactada para realizar el acto, que no fue impugnado por las empresas interesadas”, aseguró uno que pidió reserva sobre sus datos.
Sueño eterno
Los desvelos oficialistas pasan por otro lado. En especial, por la inquietud de Giustozzi de convertirse en vicegobernador de una fórmula que dispute por el poskirchnerismo la provincia de Buenos Aires. “Mi tiempo aquí está agotado”, le deslizó a un par del Conurbano que no comparte la estrategia de Sergio Massa y Pablo Bruera, jefes comunales de Tigre y de La Plata, de apresurar los tiempos de esa disputa sin consolidar el poder territorial.No es el único que ve las cosas de ese modo. “Bruera no tiene retorno con el Gobierno nacional y entonces acelera una pelea, pero ese no es mi caso. Yo estoy cómodo y me siento parte del kirchnerismo”, le aseguró al mismo intendente el de Lanús, Darío Díaz Pérez.
Giustozzi parece encolumnarse en un espacio intermedio y por eso aceptó sin mucho trámite la visita que realizó a mediados de enero Alicia Kirchner, ministra de Desarrollo Social, a la sociedad de Fomento “El triángulo” de Longchamps, bajo las condiciones que habría impuesto: poca gente, nada de anuncios, apenas una visita y ninguna solución a los demorados pagos a los cooperativistas.
Acaso una devolución de atenciones por dichos del secretario de Producción y Desarrollo, Diego Fernández Garrido, que deslindó cualquier responsabilidad sobre ese asunto al tiempo que se las cargó al Ministerio de Desarrollo Social.
Desde el mismo oficialismo, observan con preocupación lo que estiman una peligrosa combinación de insatisfacciones: de un lado, la apetencia del Intendente por disputar otro escalafón del poder, con las sospechas que recaen sobre su alineamiento desde el propio Gobierno nacional.
“Cristina estuvo en Lomas y allí están volcando recursos y respaldo”, admitió un funcionario que también consintió que la gestión de Martín Insaurralde es asistida de todas las formas posibles para convertir al distrito en el que nació Eduardo Duhalde a la política en un santuario kirchnerista.
No es el caso de Brown donde, en voces de propios oficialistas, “las cooperativas andan peor que cuando comenzaron a circular informaciones sobre irregularidades y arbitrariedad en su manejo”.
Las apetencias de Giustozzi no sólo chocan, de momento, con la estrechez del goteo de fondos de los gobiernos bonaerense y nacional. También podría interponerse el deseo de Cacho Álvarez de ocupar el segundo término de una fórmula del Frente para la Victoria.
Por de pronto, el natural aspirante a ser electo en Avellaneda por esa corriente, Jorge Ferraresi, no tiene entre sus preferidos al intendente de Almirante Brown. Tampoco el de Lanús y es más dudosa la independencia del de Lomas por resolver su trato con autonomía.
Con el de Echeverría, Fernando Gray, lo separa una desconfianza recíproca, aunque habrían pactado un armisticio precario.
Río abajo
Desde el propio oficialismo, estiman que Giustozzi busca una salida hacia arriba a los problemas que no logra resolver abajo. Es decir, en la incipiente estructura política que no logra consolidar. “Si Darío mañana no fuese a la reelección, no tendríamos cómo resolver un candidato alternativo”, se mortifica uno de los colaboradores allegados al Intendente.No todos parecen angustiarse: el secretario de Infraestructura y Servicios, Daniel Bolettieri, envió saludos telefónicos grabados a un considerable número de vecinos por las pasadas fiestas navideñas, en lo que pareció una experiencia piloto previa a un sondeo para medir la consideración de su imagen pública.
Consultado por esta iniciativa, un alto funcionario del Departamento Legislativo quedó sumido entre la sorpresa y la mudez. Bolettieri mantiene aceitados contactos con el vicepresidente Julio Cobos a través de Daniel El Negro Vera, operador de Enrique Coti Nosiglia en el distrito.
Desde las dependencias que supo ocupar el desplazado piquetero David Coronel, se sigue alentando una formación local que represente sus intereses en el distrito. El mismo funcionario consultado descree que Bolettieri persiga la candidatura a Intendente desde el radicalismo.
Tal vez su alianza con el auto rotulado proyecto Brown del linqueño Franco Caviglia sea un indicio de su intención de disputar la primera concejalía por el Frente para la Victoria, bajo la especulación de que Giustozzi aspire a un cargo de mayor jerarquía luego de ser reelecto, si no logra cristalizar su ambición de integrar el binomio que dispute el poder provincial.
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